A lo largo de 30 años de experiencia en la Clínica médica, la Terapia intensiva y la Endocrinología, llegó a la Medicina Orthomolecular (bioquímica aplicada a la clínica) que logra prevenir patologías que son epidémicas en la actualidad.
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Menopausia, hormonas: cambios que se ven y se sienten

 Hormonas: cambios que se ven y se sienten

 

La menopausia es un cambio normal en la vida de la mujer, y se produce cuando se deja de tener el período menstrual por más de 12 meses seguidos. Este ciclo ocurre comúnmente entre las edades de 45 a 55 años y, durante esta etapa, el cuerpo produce cada vez menos cantidades de hormonas sexuales, tales como estrógeno y progesterona. En el momento en el que se inicia la menopausia habitualmente aparecen sofocos, irregularidades menstruales, atrasos que se alternan con meses en los cuales se menstrúa, y esto provoca riesgo de embarazo. Cuando los síntomas son más pronunciados, los acaloramientos o los sudores fríos pueden alterar la calidad de vida, llevando a la mujer al insomnio e incluso a la irritabilidad, la ansiedad y el estrés y, por consiguiente se modifica su cotidianeidad. También, la posibilidad de mantener su sexualidad activa se ve afectada por las oscilaciones de la libido y la falta de lubricación vaginal. Además, la piel pierde su buen estado y se produce la osteopenia u osteoporosis. Cabe aclarar que, en algunas mujeres, muchas de estas señales desaparecen con el tiempo. Sin embargo, pueden decidir hacerse un tratamiento hormonal para aliviar los síntomas y prevenir la pérdida de calcio en los huesos.

 

Terapia hormonal ¿si o no?

 

Hoy en día, las mujeres tienen la opción de elegir un tratamiento hormonal para transitar la menopausia. No obstante, los médicos se dividen entre aquellos que lo indican sin mayores inconvenientes, y los que se rehúsan totalmente.

 

Esto se debe a que antes del año 2002, en los tratamientos hormonales se empleaban masivamente hormonas (estradiol) extraídas de yeguas preñadas. Ese año, se publicó un trabajo en el que se demostraban los efectos adversos que tenía el uso de este tipo de hormonas. Desde ese momento la comunidad disminuyó su uso. Pero más tarde se logró tener en el mercado hormonas sexuales similares a las humanas, elaboradoras de productos naturales como la soja. Estas hormonas denominadas bioidénticas se comenzaron a usar difundidas, sobre todo, desde la medicina antiaging.

 

Los conocimientos actuales nos demuestran que el uso racional de la terapia hormonal en mujeres menopáusicas se indica en el comienzo del climaterio, cuando la mujer tiene irregularidades menstruales que se deben a la caída de la progesterona. Es allí cuando la mujer puede tener alteraciones del sueño y del ánimo, dado que la progesterona induce la somnolencia y es una hormona que favorece los efectos de la serotonina, por esta razón es antidepresiva.

 

En esta fase inicial, el climaterio, también se comienza el tratamiento con una hormona que es precursora de las hormonas sexuales, llamada DHEA. Esta hormona se podrá transformar en estrógenos, aliviando los síntomas leves y teniendo la seguridad de que van a ser absolutamente naturales, porque son producidos dentro del organismo. Si la menopausia ya está instalada (un año sin menstruación) y no se han podido paliar los síntomas con la DHEA, se sugiere el uso de las hormonas llamadas bioidénticas. Estas se recomiendan para aquellas mujeres que tengan síntomas severos, en las dosis adecuadas, previo análisis de sangre.

 

Las bondades del DIM

 

Si bien las hormonas bioidénticas son mucho menos agresivas que las que eran derivadas de yeguas preñadas, actualmente, para aumentar la protección de mamas y útero, podemos agregar a esta terapia un principio activo derivado del brócoli y de los crucíferos en general, llamado DIM.

 

¿Cómo actúa? El DIM acciona sobre el metabolismo normal del estradiol cambiando su estructura y transformando un estradiol más agresivo sobre la mama y el útero, en otro menos dañino. Este cambio es fundamental para que su acción sobre los receptores mamarios y uterinos sea más débil, pero sin que se dejen de aliviar los malestares de la menopausia.

 

Respecto de esto, es bueno aclarar que el reemplazo hormonal se debe hacer por el menor tiempo posible y con las dosis mínimamente necesarias, especialmente en mujeres que comienzan a tener síntomas. Se sabe que una vez que han pasado 10 años de la menopausia, no conviene iniciar una terapia hormonal dado que los síntomas son mucho menores y el deterioro del cuerpo ya ocurrió, como por ejemplo con la osteoporosis. Cuando las células, tanto de mama y/o útero han envejecido y modificado sus características por la falta de hormonas sexuales, se vuelven más proclives a tener mutaciones y no conviene estimularlas porque aumentaría el riesgo de crecimiento de cáncer en virtud de los cambios celulares ocurridos en ese período.

 

Por este motivo, la terapia hormonal se debe iniciar cuando los síntomas comiencen a molestarle a la paciente. Cada tratamiento será personalizado según la historia clínica, análisis y requerimientos de cada mujer. Así es que algunas estarán muy bien solo con precursores hormonales, mientras que para otras esto no será suficiente y deberán recibir hormonas sexuales bioidénticas con la concomitante protección mamaria en base a DIM.

 

Hormonas, sin riesgos

 

Cada mujer debe considerar, junto al profesional, su mejor tratamiento para combatir los síntomas de la menopausia, sin que esto le genere un perjuicio a su cuerpo. Por eso, el médico debe informarla sobre los pros y los contras de cada elección de acuerdo a su edad, historia médica, antecedentes y grado de sintomatología. En un futuro no muy lejano, las mujeres podremos gozar de mayores alternativas para disminuir los síntomas de la menopausia en nuestro cuerpo. La Medicina Biomolecular continúa investigando con éxito algunas propuestas innovadoras, con el fin de acrecentar la tendencia de utilizar los elementos propios del cuerpo, sin tener efectos adversos asociados.

 

Respecto de esto, en el caso de no poder hacer el reemplazo hormonal frecuente, se está estudiando la posibilidad de usar los precursores de las hormonas sexuales, para que la glándula suprarrenal los transforme naturalmente en las hormonas que el cuerpo necesite. De esta manera, la pregnenolona, que es un precursor de hormonas sexuales, al utilizarse con el elemento químico del boro como cofactor, se transformaría en hormona sexual femenina.

 

Nuestra misión como buenos profesionales de la salud es la de difundir información científicamente respaldada en la actualidad, sabiendo que la ciencia avanza rápidamente para brindarnos una mejor calidad de vida.

 

Dra. María Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787)

 

Médica Clínica UBA / Endocrinología UBA

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