A lo largo de 30 años de experiencia en la Clínica médica, la Terapia intensiva y la Endocrinología, llegó a la Medicina Orthomolecular (bioquímica aplicada a la clínica) que logra prevenir patologías que son epidémicas en la actualidad.
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Mujer sumisa y machista: ¿una cuestion genetica?

 Mujeres que trabajan a la par del hombre y que conquistaron el ámbito laboral y que, sin embargo, no se sienten pares. Y peor aún, en el espacio de la intimidad de pareja replican modelos de dominación que cargan de sus generaciones pasadas. El ADN femenino mezcla sometimiento y desvalorización, perpetuando el modelo del machismo.

“El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal”, dijo la escritora francesa Simone de Beauvoir.

Este parecería ser el mejor momento histórico de la mujer, quien no obstante, todavía no tomó dimensión de su fuerza –distinta a la del hombre–, ni dejó de humillarse y someterse. Y su encuentro con ella misma continúa pendiente para compartir con el hombre desde la igualdad y la autonomía.

El sometimiento se transmite genéticamente. Si hablamos de lo que ocurre en el mundo con relación a la emancipación de la mujer, son pocos los países más desarrollados donde ella alcanza verdaderamente un estado de libertad. Podemos afirmar que el sometimiento femenino es una enfermedad hereditaria.

En el fondo, la mujer está marcada por la herencia de miles de generaciones que dejan en su ADN la memoria celular de la desvalorización. Y si bien la mujer ganó la calle, a nivel laboral, y también en las grandes ciudades a nivel social y político, igualmente el poder lo sigue teniendo y monopolizando el hombre.

La independencia es una decisión interior que luego se revela en miles de decisiones que se toman día a día, pero el sometimiento es una enfermedad que todavía se hereda, y en el caso de las mujeres se transmite de madres a hijas.

Desde los conocimientos que hoy nos da la biología, consideramos que el sometimiento se transmite a nivel epigenético.

Mosquitas vivas

En muchas partes del mundo está mal vista la mujer independiente, inteligente y sabia. En el inconsciente colectivo este tipo de mujer no es elegida en primer término por el hombre.

Así, a las mujeres inteligentes e independientes que se animan a ser autónomas les cuesta más encontrar una pareja heterosexual, a diferencia de las mujeres sumisas. Al mismo tiempo, el hombre elige a una mujer sumisa, muy probablemente, porque también ha heredado desde miles de años el mandato de dominar.

¿Cómo piensa una mujer sumisa? La mujer sumisa es machista, y piensa conscientemente o inconscientemente que realmente es un drama ser mujer. Este modelo de mujer obediente es educada para dar placer y servir sexualmente, sin gozar ella misma. Por eso, en la frigidez más extrema y en la anorgasmia, la mujer posee un machismo inconsciente.

La mujer machista ve al hombre como perfecto y a ella como la imagen de la imperfección, y así educa a su hija y a su hijo. A ella le transmite mensajes como “Tené cuidado, que no se aprovechen de vos, todos quieren lo mismo, les das lo que quieren y luego te dejan”, que graban en el subconsciente femenino.

De este modo, generan en la mujer un futuro vaginismo por miedos que son confundidos con una fortaleza moral o religiosa, dado que la niña aprendió que si es “difícil” será respetada y elegida. Por eso, la genitalidad femenina queda anestesiada, y la vagina queda relegada a su misión de canal para el coito o el parto, y para el placer del hombre.

Para reprogramar estos mensajes, hay que cambiar totalmente el concepto de inferioridad. El cerebro femenino está tan desarrollado como el masculino, con particularidades diferentes y con posibilidades de generar todo tipo de creaciones si se lo alimenta bien, con educación y estima.

Complazco, luego existo

Es muy común que las mujeres que logran ser independientes, cuando están en el área de la intimidad, tengan una total pérdida de la libertad por la sumisión acarreada desde su inconsciente.

De hecho, hay mujeres que en su vida sexual todavía fingen orgasmos, y esto responde a los complejos de inferioridad. Sienten que tienen que servir al varón y se guardan su insatisfacción sexual. Así repiten a nivel íntimo la historia de la humanidad. Hoy conocemos que la energía sexual no desarrollada puede generar problemas crónicos, que primero serán mentales y luego físicos.

La mujer debe saber que todo su cuerpo siente el placer sexual, y que la erotización tiene características de globalidad y de lentitud, porque sus tiempos son muy diferentes a los del hombre.

Además, requiere pausalidad y suavidad. Ella tiene la necesidad de comunicación verbal y táctil, mucho más que el hombre. Todos estos detalles que son el preludio de un orgasmo y son absolutamente necesarios para alcanzarlo.

Igualdad no es masculinidad

La mujer se encuentra con el hombre cuando hace uso de su libertad y la comparte. La identidad del ser femenino desarrolla la esencia creadora, la maternidad biológica y espiritual, y la maternidad de la propia tierra. Así reinterpreta todo lo positivo que tiene la energía femenina.

Verdaderamente su desafío es desarrollar la propia individualidad sin ser la sombra de nadie, sin luchar contra el varón, sino exclusivamente contra las propias debilidades y las propias cobardías. No es limitar ni oponerse a la fuerza masculina, sino desplegar su propio poder.

Si la mujer comprende el potencial transformador del útero, el órgano generador femenino, esa fuerza le abrirá la puerta hacia la independencia, hacia el autodesarrollo y hacia el éxito personal. Esta es la manera de encontrarse con el otro en igualdad, en autonomía.

Su reto es manejar realmente los hilos de su vida, asegurando su total progreso. Es allí en donde la felicidad se puede definir como una libertad compartida en el amor.

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