A lo largo de 30 años de experiencia en la Clínica médica, la Terapia intensiva y la Endocrinología, llegó a la Medicina Orthomolecular (bioquímica aplicada a la clínica) que logra prevenir patologías que son epidémicas en la actualidad.
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Cuando las harinas y los dulces son los grandes enemigos

 Si alguien te dijera que tu pasión por los dulces está dada por la falta de un neurotransmisor y que, además, el estrés juega un rol importante ¿lo creerías? Estados de ansiedad o nerviosismo que se calman al ingerir un chocolate son señales que deben tenerse en cuenta. Lo que en medicina se conoce como compulsión a las harinas y los dulces está dada por una alteración de la bioquímica del sistema nervioso y luego, de todo el aparato hormonal. 

El consumismo y la imposición de alimentos nocivos para la salud están al alcance de todos, por lo que podría decirse que la epidemia fue creada. La visión Biomolecular de este problema se focaliza en el estrés. Muchas personas necesitan harinas y dulces todos los días y hasta pueden ir a comprarlos a la madrugada. Si se realizaran un simple análisis de orina, se darían cuenta de la deficiencia de un neurotransmisor llamado serotonina, que modula el humor y la compulsión de esas sustancias. 

Las terapias primero deben diagnosticar y, ante la presencia de serotonina baja, se le proporcionará al paciente esa sustancia en forma de precursores para que las neuronas la incorporen.

La disminución de dichos precursores tiene dos razones. Una de ellas es el estrés: La tensión nerviosa genera un círculo vicioso, en el que sube el cortisol u hormona del estrés, causando un efecto neurotóxico, que en el cerebro disminuye la serotonina. El estrés crónico ocasionado por la falta de trabajo, un divorcio controversial, o una muerte, por mencionar algunos causantes, desencadena este tipo de conductas.

La otra causa es epidémica y está dada por la alteración de la flora bacteriana en el intestino –llamada disbiosis- producida por el consumo de “comida chatarra”. Cuando en la dieta predominan ese tipo de alimentos, ganan terreno las bacterias patógenas sobre el intestino delgado.

La compulsión es totalmente reversible de manera natural sin dosis de droga artificial. La disbiosis se trata con lactobasilos, mientras que el estrés se nivela con sustancias naturales, que se administran de manera sublingual o intravenosa para garantizar su absorción.

El primer signo de éxito del tratamiento es que el paciente se olvida de ir a comprar chocolate o ve dulces y no se tienta. Puede gobernar lo que come.

La relación entre obesidad y compulsión

El consumismo y la imposición de alimentos nocivos para la salud están al alcance de todos. La visión de la Medicina Biomolecular sobre este problema se focaliza en el estrés, entendido como una alteración de la bioquímica del sistema nervioso y luego, de todo el aparato hormonal.

¿Por qué alguien tiene compulsión por las harinas y los dulces?

Lo primero que pasa es que las personas dejan de comer por mucho tiempo (hacen ayunos de más de 4 horas). Además, de desayunar muy poco (dos galletitas o tostadas y alguna infusión), con lo cual ya acumulan 8 a 10 horas de ayuno de la noche anterior.

Así es que sienten que tienen energía para salir a trabajar porque la hormona del estrés normal -cortisol- sube naturalmente por la mañana. Si el día fuera muy difícil aún subiría más y, junto con el cortisol, aumentará la adrenalina cerebral. El cortisol y la adrenalina harán que la persona pueda cumplir con sus actividades todo el día porque aumentan la glucosa en la sangre sacándola del hígado, hasta que se agote.

En la mayoría de los casos, el almuerzo pasa casi de manera inadvertida, la glucosa en la sangre sigue en aumento y comienza, en paralelo, el aumento de la insulina, que es la hormona por excelencia formadora de grasa, para luego remarcar que al terminar el día, la persona seguramente casi no merendó y llega a su hogar muy cansada. Así es que a las 20, el cortisol y la adrenalina normalmente caen y con ellas también el azúcar en sangre, pero el hígado ya no tiene reservas.

La falta de azúcar en la sangre genera una respuesta del cerebro de compulsión. Éste no deja pensar ni decidir la calidad de los alimentos que se comen y lo que más pide son harinas y azúcares.

Así, la compulsión por comer harinas comenzó a raíz de un gran ayuno, y el cerebro necesitará glucosa, que es lo único de lo que se alimenta. De este modo se cierra el círculo vicioso y enfermante que produce panza, rollos, u obesidad visceral, todos sinónimos de lo que en medicina se denomina síndrome metabólico.

Tratamiento Biomolecular 

Si las personas tienen una deficiencia en la absorción de triptofano que proviene de la dieta, entonces hay que equilibrar sus deficiencias. En medicina biomolecular lo hacemos a través de nutrición farmacológica sublingual, con 5-hpt (5-hydroxytryptophan) que es triptófeno previamente tratado para que en dosis sublingual pueda ser bien absorbido por el hígado. Una vez que el paciente está compensado en sus niveles de serotonina entonces se trabaja en sus hábitos de vida, para que pueda mantener el equilibrio bioquímico de su cerebro.

Dentro de estos hábitos saludables que ayudan a mantener el equilibrio bioquimico del cerebro están: la meditación, la actividad física, las actividades recreativas  y las creativas, tener una buena sexualidad y dormir bien, una alimentación saludable que incluya alimentos con triptofano como carnes rojas y legumbres.

Naturalmente la necesidad por los chocolates y las medialunas irá desapareciendo.

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